jueves, septiembre 20, 2012

Una Muerte Chica



Una vez definiste como “una muerte chica”, a ese instante lo suficientemente pequeño para ser irrepetible, pero a la vez lo suficientemente inmenso para no ser olvidado. Ese tiempo en el que el alma se separa del cuerpo para luego regresar lenta y vigorosamente de esa otra dimensión colmada de placeres, mostrando otro rostro, portando una sonrisa, recobrando paulatinamente el aliento, flotando en ese infinito universo de ayes controlados, de ayes desmedidos, de formidables contracciones, de músculos que tiemblan, de sudores que enardecen, de vibraciones que nos hacen caer en resonancia, haciendo que ocurra una vez más ese “Big Bang” que se construye desde el simple roce de tu piel con mi mirada. Esa “Big explosión” en ese enigmático punto en donde parecía que no existía ni tiempo, ni espacio, ni luz, ni aire y que de repente empieza a inundarse, a expandirse, a iluminarse, y pasar del tibio tierno, al rojo ardiente y por último al blanco vivo que encandece al centro de todo tu universo.

Y así quedó su nombre en nuestra historia. Cada uno irrepetible, diferentes en tiempo y dimensión, iguales en motivos, mayores en deseos y rompiendo los esquemas de viles teorías que afirman que el amor muere con el tiempo y la pasión decrece con los años.

Y así vivimos el presente; volviendo a nacer cada vez que morimos instantáneamente en un orgasmo.
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