miércoles, octubre 27, 2010

Secreto



Anoche hicimos hablar hasta las piedras.
Lo inamovible adquirió vida
para escucharnos sentir
y alguno que otro pájaro que dormía
revoloteó contagiado por un toque de envidia.
Un gallo cantó a deshora,
un gato prefirió dejar ir a su presa,
un árbol suspiró de nostalgia
y el pasto seco empezó a ponerse verde
sin que hubiera que regarlo.

Anoche embotellamos el tiempo vivido
y lo lanzamos al mar contándoles a todos un secreto.
Un hermoso secreto en donde confesamos
qué existe más allá del amor.

martes, octubre 19, 2010

Cambios

El viento solía llegar el mismo día y a la misma hora. Una vez por semana. Raramente dos. Y cuatro o cinco horas marcaban una nítida diferencia. Los demás días desaparecía dejando atrás una calma aparentemente soportable. Ella se acostumbró a vivir sopesando sus ausencias. Se acostumbró a vivir sin viento, sin la necesidad de que en el día a día hacía falta respirar.
La noche en cambio solía llegar todos los días. A la misma hora. Por lo menos alguna virtud debía tener. Siempre negra. Siempre obscura como su conciencia. Siempre disfrazando sus sonrisas, enmascarando sus intensiones y ocultando al monstruoso ser que en sus entrañas sostenía.  Noches que mostraban la falsedad de una luna que no brilla con luz propia. Él se acostumbró a vivir en las tinieblas. Más ciego. Más sordo. Convencido de que en la obscuridad no hacía falta la vista. Equivocado, porque cuando menos se ve, es cuando más se necesita escuchar.
Ella un día, cambió el viento intermitente por una brisa permanente que llenaba día a día sus pulmones. Penetraba lentamente en sus entrañas. Ella aprendió a necesitar el aire puro que portaba su brisa, aprendió que sin respirar no se puede vivir.
Él un día cambió a su hipócrita luna por un sol que brillaba con luz propia. Y dejó que su energía penetrara firmemente en sus entrañas, iluminado su alma y reviviendo a su estirpe. Él recobró la vista, perdió la sordera y aprendió que en el día a día la radiante luz que su sol le entrega es vital para su vida. 

domingo, octubre 10, 2010

Tu nombre.


Cuantas veces al día repito tu nombre. Sí, tu nombre. Es una hermosa sensación, porque al pronunciarlo, aunque sea  para sólo decir “TE AMO” mi boca se inunda de miel de abeja producida en primavera. Esa época del año en que las flores anuncian con colores que tú sigues ahí aunque te hayas ido a descansar y los pájaros desde aquellos árboles lejanos te dicen que yo estoy aquí, solo embriagado en tus recuerdos. Sí, aquí viviendo de tu nombre, de ese apodo que nos hemos puesto, mientras tiemblan mis dedos imaginando tus besos.
Decir tu nombre, es almacenar la tenue música de un suspiro que se pierde en el aire mientras busca tu eco. Es olvidar cuantas noches he intentado besar tus recuerdos, y creerme ese macho que todo lo puede, que todo lo ignora, al que todo le es fácil. Mentira, puras mentiras… La verdad es que te necesito a mi lado… aquí a mi lado.
Decir tu nombre, es más que alzar las manos y abrir el pecho para deletrearlo y en cada letra soltar hasta la ultima gota de amor que se desborda de mi pecho. Es sentirme un árbol florecido, es anidarte en mis ramas y aún es mucho más que eso. Y tú lo sabes.
Decir tu nombre, es saborear la belleza femenina, toda concentrada en esas letras. Esas hermosas letras que me dan la alegría, la paz, el amor.
Decir tu nombre es decirme a mi mismo que existe el amor y que lo estamos disfrutando.

Son las 5:40 am. Desde la soledad de insomnio te confieso que te extraño.

viernes, octubre 08, 2010

Llegaste

¿Cómo pude estar tan ciego? Estabas a mi lado y te veía tan lejos. Maldita ceguera, esa que uno se impone para no ver lo que salta a la vista y lo que brilla en demasía. Esa ceguera que regala insomnios y desgarra sentimientos… Pero no todo es eterno; incluso la ceguera. Un día llegaste de una forma diferente y extirpaste las dolencias de mi vista. Es más, activaste uno a uno mis sentidos. Y pude verte, hablarte, escucharte, sentirte, olerte y hasta tocarte. Y llegaste y te quedaste para llenarme de ti, de tu sonrisa, de tus mimos, de tus manías, de tus besos, de tu olor, de tus alegrías. Llegaste para arroparme en tus brazos, cobijarme en tu vientre, embeberme en tu sexo. Llegaste para alterarme las ganas y hacerme sentir vivo.
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