jueves, julio 15, 2010

En una taza de Café.


Me siento con mi taza de café a contemplar la noche desde mi ventana. Domino todas mis sensaciones. Debe ser el peso de la luna que hace brotar mis emociones y les da el toque místico que entraña una despedida. Esas despedidas de cada noche, en las que no puedes quedarte porque todavía no es tiempo. Ese beso que me diste ayer cuando partiste sin mirar atrás aún lo tengo grabado. Te vi alejar despacio y pensativa. Más que pensativa, contenta: “Pronto, no desesperes”, leí en la primera línea de una nota que escrita a mano que me dejaste sobre el buró, bajo la lámpara en la que aún cuelga un collar tuyo.  Más abajo decía: “Te amo”  y mostraba el trazo de tus labios dejando un beso oculto. Un beso que explica tu andar cotidiano donde solemos ser uno. Pensamos casi igual, reímos de lo mismo. Las mismas cosas nos hacen vibrar, incluso me atrevo a asegurar que existen cosas que ambos aborrecemos a esta altura de nuestras vidas y tu sabes a que me refiero. Todo o casi todo coincide en nosotros. Hasta degustar del mismo café que tan delicioso te queda en esa cafetera estilo Torre Eiffel. Café con el que saboreamos nuestros encuentros. Encuentros que al principio eran solo bajo el efecto de una atracción desmedida, pero con el paso de los días se transformaron en una pasión que no hay Dios quien la detenga. Pasión que marca el deseo. Un deseo que ha creido sin límites rayando en la necesidad de tenernos mutuamente.

Creí que no hablabas porque no tenías de qué quejarte. Creí que no exigías porque mis entregas llenaban el infinito universo de tus necesidades. Necesidades que uno piensa son tapadas bajo el velo nítido de regalos orgasmales, de una mímica sensual durante el sexo, de gemidos pasionales, de batallas cuerpo a cuerpo hasta que el grito anuncia la llegada de un clímax suficiente para enredarte para siempre en una cómoda permanencia, en la que no hay aforo para las ataduras. En las que se encuentra lo maduro de un amor que no necesita otra cosa porque ya lo tiene todo. Todo aquello que no aburre, ni raspa la línea de rutinas engañosas. Hoy comprendo por qué hablas poco. Créeme.

La luna, esa que te representaba toda, se me pierde tras una nube densa que amenaza derramar el llanto de una noche que exige tu presencia. No hay nada que ver desde mi ventana si no está el eco de tu voz susurrándome una frase amorosa, sin la mágica sensación que dejan tus caricias, sin el armónico vaivén de tu cuerpo sobre el mío. Sin la lujuriosa mirada de quien disfruta del sexo como si fuera la última vez y con la plana convicción de que es un poco más que sexo, es la mismísima realización del amor envuelto en lo más bello que esta vida nos regala.

Bajo lentamente las escaleras y llego a la cocina. Me sirvo otra taza de café. Esta vez con tres cucharadas de azúcar. Te busco en cada sorbo, en el recuerdo que me envuelve con todo lo bueno que he sentido a tu lado. Te busco y emerges tibia, destilando el néctar negro de una bebida que se niega a desprenderse de tu aroma.

Me quedé sin habla y un suspiro escapó en el último sorbo de café. La luna emergió de las densas nubes que ocultaban su brillo. Abrí la puerta y me entregué a la noche, convencido que más allá de las grandes ocasiones existe algo nítido que espera mi llegada. Fui a tu encuentro. Esta vez, no en una taza de café. Son las tres de la mañana, me dirijo hacia tu puerta. Se que me esperas.




(c) derechos reservados
Código: 1102238560604
Fecha 23-feb-2011 10:00 UTC

4 comentarios:

  1. Que el sol ilumine
    tu sendero,
    y te brinde calor...
    calor de hogar
    Para que sea
    mas dulce
    y cálido tu transitar
    Tan cálido como
    Tu AMISTAD

    Reina de Camelot

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  2. Disfruté de la taza de café y de la lectura
    www.bersoa.com/

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